lunes, 18 de marzo de 2013

La convención en Veracruz: balance y perspectivas


(Leído en la mesa: “instrumentos Internacionales Unesco Convención 2005 sobre la Protección y Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales. El impacto local.”, convocada por Creatividad y Cultura Glocal A.C., efectuada el 20 de abril de 2012, en El Ágora de Xalapa, Ver., en el marco de la Feria Internacional del Libro Universitario, organizada por la Universidad Veracruzana.)

La convención en Veracruz: balance y perspectivas
Por Óscar Hernández Beltrán.

En las líneas que siguen intentaré bosquejar un panorama de las acciones emprendidas por las instancias gubernamentales de Veracruz con relación a la Convención sobre la Protección y la Promoción de la Diversidad de las Expresiones Culturales. Debo advertir que mis puntos de vista no responden de ninguna manera a posiciones institucionales y carecen por ello de cualquier carácter oficial. Para integrar este bosquejo he recurrido a la estructura básica del primer informe cuatrienal, que está por presentarse en estos días. Conforme a dicha estructura, me referiré primero a las medidas y políticas culturales adoptadas; luego, a la integración de la cultura en las políticas de desarrollo sostenible; posteriormente, a la protección de las expresiones amenazadas y, finalmente, a las acciones orientadas a sensibilizar a la sociedad civil y propiciar su participación. En todos los casos, me referiré en términos muy generales a las actividades que considero más sobresalientes o significativas, a las que agregaré un breve comentario.

Con respecto al primer punto, es decir, a las medidas y políticas culturales, abordaré tres temas que juzgo relevantes: la legislación en materia cultural, el registro de las prácticas culturales y de los portadores de la cultura tradicional y los reconocimientos otorgados a dichos portadores. Creo que es en el campo de los ordenamientos jurídicos en el que con mayor claridad pueden advertirse los efectos de la convención, ya que durante el periodo 2008-2011 se promulgaron la Ley de Desarrollo Cultural del Estado y la Ley de Derechos y Culturas Indígenas; se reformaron seis artículos y se agregó uno más a la Ley que crea al Instituto Veracruzano de la Cultura y se emitieron decretos que declaran Patrimonio Cultural Intangible del Estado a la gastronomía veracruzana y a la ceremonia del ritual de los voladores. En todos estos ordenamientos jurídicos se establece con claridad que el estado promoverá y protegerá la diversidad cultural como objetivo fundamental para el desarrollo integral de la entidad. Como era de esperarse, la promulgación de estos ordenamientos estuvo acompañada de polémicas. Los especialistas han formulado a la Ley de Desarrollo Cultural dos objeciones de fondo: una, que insiste demasiado en el tema de la autenticidad de las expresiones culturales lo que, indican, le otorga un aire etnocentrista y, otra, que no contempla la posibilidad de que las personas se nieguen a recrear su cultura. Los activistas culturales reclaman, por su cuenta, y con razón, que la reglamentación de la que depende la operación de la Ley aún no ha sido conformada. A pesar de compartir plenamente estas objeciones, creo que la promulgación de estas leyes significa una puesta a tiempo de nuestro reloj jurídico en materia de cultura y que proveen una buena base de desarrollo cultural con orientaciones adecuadas.

Por lo que hace al segundo tema, es decir, el registro de las prácticas culturales que constituyen nuestra diversidad creativa, debo decir que durante el lapso en referencia se dieron a conocer varios recuentos sistemáticos y ordenados de las prácticas culturales que nos caracterizan. Entre ellos quisiera destacar los dos tomos del Atlas Artesanal del Estado de Veracruz, publicados por el Consejo Veracruzano de Arte Popular; Los dos tomos denominados Veracruz, fiesta viva, que compilan las fiestas tradicionales más relevantes; la obra Gastronomía Veracruzana, que se difunde en la página web de la Secretaría de Turismo; la base de datos sobre Medicina Tradicional Veracruzana, compilada por las Unidades Regionales de Culturas Populares; los registros de Iconografía del arte popular veracruzano, entre los que destacan el libro Diseño e Iconografía de Veracruz. Geometrías de la imaginación, publicado por CONACULTA y los cuadernillos que reproducen el diseño de textiles tradicionales de diversos pueblos indígenas, publicados también  por el COVAP. A esta lista deben añadirse, creo, los registros gramaticales y lexicales publicados por la Academia Veracruzana de Lenguas Indígenas. Acaso las características más interesantes de estas publicaciones sean su accesibilidad  y su evidente carácter de instrumentos de divulgación. Pese que su realización no surgió como consecuencia de un proyecto rector, como era deseable, debe destacarse el hecho de que fueron elaborados por dependencias gubernamentales y no por entidades académicas, como suele suceder.

Para concluir el punto de medidas y políticas culturales quiero referirme a los reconocimientos instaurados para señalar la trayectoria de portadores de la cultura tradicional. Destacan entre ellos las medallas otorgadas a músicos y versadores del Son Jarocho en el marco del Encuentro de Jaraneros celebrado cada año en Tlacotalpan y los reconocimientos entregados a los virtuosos del Son huasteco con motivo de la celebración del Festival Nacional de las Huastecas. Lo relevante de estos premios es su carácter oficial; debe lamentarse, no obstante, que no vayan acompañados de una recompensa material que alivie aunque sea un poco la precaria situación económica en la que viven la mayoría de sus receptores.

Con relación a la integración de la cultura en las políticas de desarrollo sostenible es necesario señalar que las acciones hasta ahora realizadas no permiten advertir un conjunto de políticas claramente estructuradas. Pueden mencionarse, sin embargo, el impulso dado a la producción artesanal mediante procesos de capacitación, estímulos a la producción y apoyo a la comercialización, así como el respaldo brindado a diversas iniciativas vinculadas al fortalecimiento de cultivos tradicionales y a la explotación de especies no maderables. Estos proyectos suelen ser administrados por las entidades de impulso al desarrollo o mediante los fondos concursables de los proyectos culturales convenidos con la federación como el Programa de Apoyo a las Culturas Municipales y Comunitarias, mejor conocido como PACMYC. Debe señalarse, sin embargo, que el número de los proyectos hasta ahora emprendidos no resulta significativo cuando se compara con la enorme cantidad de oportunidades que brinda la compleja actividad creativa de nuestra entidad, por lo que se hace necesario que las entidades estatales existentes impulsen la instauración de programas de apoyo a las pequeñas y medianas empresas de carácter cultural.  En el campo del turismo, se han impulsado programas que incluyen en su diseño el componente cultural. Destacan los proyectos de desarrollo ecoturístico, ya que varios de ellos involucran la participación de las comunidades, que se preocupan por dar a conocer su diversidad biológica al mismo tiempo que impulsan la difusión de las prácticas que posibilitan su perduración. Se ha impulsado, además, el programa Joyas de Veracruz con el que se pretende “mejorar las condiciones de vida y crecimiento de localidades con disposición de revalorar sus atributos culturales, buscar el desarrollo de sus comunidades, la recuperación de paisajes, el rescate de su historia y cultura, y el mejoramiento de su infraestructura urbana y de servicios, para potenciar así sus capacidades para la recepción del turismo”. La Antigua, Misantla, Naolinco, Xico y Zozocolco de Hidalgo, se incorporaron a este programa. Por su parte, el Proyecto Cumbre Tajín continuó organizando con éxito de público su actividad anual, al tiempo que impulsaba la operación del Centro de las Artes Indígenas. Su impulso a la declaración de la ceremonia ritual de los voladores como patrimonio cultural intangible de la humanidad resultó decisivo.

La protección de las expresiones amenazadas ha descansado también en el desarrollo de proyectos impulsados conjuntamente con la federación, como parte de los programas de impulso a la cultura popular, tales como el ya mencionado PACMYC, el PRODICI (Programa de Desarrollo Integral de las Culturas de los Pueblos y Comunidades Indígenas) y otros análogos. Se han logrado fortalecer manifestaciones correspondientes al campo de las artes de la representación, tales como danza, música y teatro tradicionales; así como algunas actividades ligadas al ámbito ritual, principalmente en el campo de la medicina tradicional. Otras prácticas amenazadas  que se  ha logrado reactivar son la ejecución de sones huastecos hasta hace poco en desuso  y  el registro de las afinaciones de los instrumentos jarochos de la región de los tuxtlas.

Con respecto a la sensibilización y participación de la Sociedad Civil en las tareas culturales cabe mencionar que los ciudadanos, al menos los veracruzanos, no parecen requerir de ningún estímulo para organizarse. Lo mismo en las zonas rurales que en las urbanas, los grupos reunidos en torno a proyectos culturales se han multiplicado en los últimos tiempos. Ejemplo de ello son las redes de promotores culturales surgidas en ciudades medias, como la que opera en la región Orizaba-Córdoba, en la que participan gestores culturales de diez municipios, y la establecida en municipios rurales de la Sierra de Otontepec, en la que toman parte ciudadanos organizados de Chontla, Tantima,  Tancoco, Tamalín y Citlaltepec, entre otros municipios.  En el corredor Veracruz-Boca del Río se ha fortalecido la organización de espacios culturales independientes, tales como el CaSón o Idea Morada, que han demostrado tener una gran capacidad de convocatoria entre públicos diferenciados. En la capital, Xalapa, también han surgido diversas organizaciones de gestores culturales que, aunadas a la antes existentes, integradas principalmente por artistas formales y profesionales, conforman un abigarrado panorama que, en hora buena, reivindican su derecho a tomar parte en las decisiones en torno al diseño, la operación y la evaluación de las políticas culturales. 

Ante tales demandas, las instancias oficiales han reaccionado con lentitud y no ha sido sino hasta fechas muy recientes que los aparatos estatales de cultura han empezado a pasar de las políticas de ciudadanización, que posibilitan la participación de las personas como apoyos en los procesos de validación y dictaminación  de los proyectos institucionales, a una etapa de mayor asertividad, en la que los ciudadanos elaboran los proyectos. Tal ocurre con los denominados proyectos de intervención social, que se desarrollan en comunidades indígenas en el marco del PRODICI. Tal ha sucedido ya con algunos proyectos urbanos de difusión artística. No se trata solamente de pujar por los fondos concursables, ni de conseguir apoyos para tal o cual proyecto. Se trata ahora de tener injerencia directa en el diseño de las políticas públicas y la administración de los recursos existentes. 

Como puede advertirse, el impacto de la convención ha observado un desarrollo un tanto lento y difuso en Veracruz. Prevalecen todavía prácticas paternalistas o con pretensiones hegemónicas. Algunas acciones parecen apuntar, no obstante, en el sentido correcto. Ojalá se fortalezcan pronto. Ello podría contribuir, sin duda, a preservar la diversidad creativa de nuestra sociedad, en un marco de libertades y de respeto a los derechos humanos.

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